Un punto de inflexión
Hace mucho tiempo que no escribía unas palabras, y bien creerme que no es por falta de ganas, es porque sinceramente hay cosas que creo que están cambiando y he necesitado tiempo para reflexionar.
No podía ser que pasasen los días y que pasásemos bien dicho a la historia sin que yo le dedicase unas palabras. Cuando pasen los años y tenga alguien al que hablar de mis tiempos mozos podré decirle, yo estuve allí, yo pertenecí a la generación de jóvenes que dijo basta, a la generación que se cansó de estar callada, de tener cadenas en los labios y grilletes en las palabras.
Fuimos la generación que pusimos un punto y final, que decidimos colocar un nuevo punto de inflexión, podré decir YO ME INDIGNE. Yo me eche a las plazas aquel famoso mayo del 2011, grité por mis derechos, me quejé, me indigne, revindiqué y coreé a coro con los que pensaban igual que yo, que algo no iba bien. Somos la revolución y mis hijos serán hijos de la revolución.
Han pasado los días, lejos me han quedado las asambleas y las reivindicaciones, es hora de que las cosas cambien, de poner un verdadero punto y aparte. Lo que empezó como revolución ha de convertirse en un movimiento, el solidificarse en las plazas no funciona, hace que nos disolvamos cual azucarillos en una taza de café caliente, calentado por los miles de jóvenes y no tan jóvenes que se indignaron.
Yo estoy convencida de que solo es el primer paso, que en un día no se mueven montañas, a pesar de que son y serán muchas las manos que lo intenten, es la hora de tomar el relevo , Reunirnos por ejemplo el 15 de cada mes, haciendo honor al día que estalló tan dulce locura y escribir lo que queremos, gritar, chillar como un niño rabioso que quiere una golosina, con una diferencia, que lo nuestro no es capricho, es necesidad, necesitamos la golosina de la libertad, de ser alguien, de que nos representen, la necesidad y el hambre de cambio.
Algunos dirán que son demagogia mis palabras, y creerme que no miento cuando digo que admiro a la gente que sigue al pie del cañón y creerme que soy consciente y bien sabedora de que no soy la que más actuó que soy de las primeras que se desanimó, y la primera que sabe que pudo hacer muchísimo más. Por eso os pido ayuda, porque quiero seguir creyendo, quiero seguir luchando y quiero volver a creer en el cambio. Juntos podemos, porque sol se quedara vacío porque en acampada Bilbao algún día tendrán que volver a su casa, pero en el fondo y en nuestros corazones NO NOS VAMOS.